
Entre las luminarias y los elogios, entre partes no muy bien conocidas de su vida, el hombre y el mito se mezclan con romántica nostalgia. La década la de 1920, nos acerca testimonios de personas conocidas y criadas
entre el furor tanguero, las milongas, los cantores y las carreras de caballos, que contrastaban con las edificaciones de estilo francés y la presencia importada del jazz, lo que nos retrotrae al ambiente de esa época.
En ese entonces Carlos Gardel conocía a un empresario que se encargó de contratar a un sexteto para acompañar al cantor. Esto sucedía en sus primeros días en Paris, donde si bien ya se conocía el tango, no era fácil presentar a un cantor que no hablaba el idioma ante un público local y turístico. Pero retrocedamos en el tiempo.
Existen varias piezas que faltan en la historia de Gardel que fueron recompuestas rigurosamente en una tarea voluntaria y comprometida que significó rescatar y ordenar los episodios de la vida de una persona.
Es tarea compleja buscar el porqué de la perdurabilidad de un cantor nacional reconocido por varias generaciones.
El dúo que formaron Gardel con su amigo José Razzano de origen uruguayo en los últimos años, comenzó a resquebrajarse por cuestiones económicas y eso decepcionó a Gardel y dejaron de actuar juntos. Esto fue en 1925. De los dos sólo Carlos trabajaba y José se encargaba de los contratos y del dinero. Ambos gastaban mucho y había que duplicar las actuaciones.
Pero después el alejamiento fue total. Cuando el cantor celebró sus treinta y nueve años, los invitados no fueron muchos, apenas diez amigos y su madre.
En esa oportunidad el Morocho invitó a Razzano para despedir el año. Aquella invitación fue una simbólica despedida.
Al comenzar 1930 Gardel inició la década con el ánimo opuesto al de siempre, dicharachero y jovial. Hubo en el país un torbellino político que desembocó en el golpe militar derechista que el 6 de septiembre derrocó al presidente Hipólito Irigoyen.
En esos momentos Gardel compuso el tango Viva la patria, como una suerte de descontento ante por los hechos ocurridos. Fue un tango ignoto que no cantó nunca, pero que después algunos pensaron que lo había compuesto por estar a favor del derrocamiento presidencial. Gardel cantaba en El Gran Florida, una noche un grupo de radicales asistió al evento. Era un sector reducido pero exacerbado que había sido expulsado del gobierno de la República por los militares.
Ese año para los argentinos fue una novedad que el ejército apareciera en las calles, pero con los años esos episodios fueron recurrentes.
Después de dos días del golpe militar, se reabrieron los cines y teatros. Fue ese el día en que el “Clan Radical”, al terminar la función abucheó al cantor, que quedó desconcertado al igual que los presentes.
Detrás de todo, estaba la figura de un cantante, que como otros muchos, frecuentaba comités conservadores, y por eso se interpretó como que Gardel era correligionario de esos grupos de payadores y cantores criollos que recibían algún dinero por presentarse allí a amenizar las reuniones. Gardel carecía de afiliación política.
Más adelante surgió el proyecto de realizar cortometrajes con el nuevo sistema de sonido que había en el país, pero no hubo sincronización entre la voz del cantante y las guitarras.
En 1928 Gardel se embarcó para Europa para debutar en Paris. Viajó junto a sus guitarristas, su chofer y el espectacular auto Grahan Paige que le obsequiaron en Barcelona.
El local preparado para su actuación era muy confortable y distinguido.
El Florida, nombre del lugar tenía su sala colmada de público. El tango hacía furor en Paris, el espectáculo comenzó con la actuación de un sexteto que hizo la apertura para la presentación de Gardel que tuvo una actuación brillante.
Pero en cuanto a sus películas hubo críticas en contra de la aparición de una clase aristocrática mezclada con rufianes y mujeres de la noche, lo que daba una imagen negativa de la Argentina. De regreso al país realizó una gira por el interior, y en San Juan tuvo que soportar otra vez al grupo del Clan Radical abucheando la función.
Después tuvo una propuesta interesante para viajar a Estados Unidos para actuar en la Nacional Broadcasting Company, la cadena de medios más prestigiosa del gran país del norte. Se despidió de Radio Belgrano con trea temas que gravó, Tu diagnóstico, El tirador plateado y Madame Ivonne. Entre los años 1928 y 1932 Gardel sólo estuvo en la Argentina veintitrés meses.






